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jueves, 10 de marzo de 2011

Una ciudad que nos atrapa

Un micro, el metro, un automóvil, el tráfico, la gente, el sudor, los malos olores, las largas esperas: el transporte.

Es inevitable, no puedes tener alas en pleno embotellamiento, no puedes empujar al metro, no puedes hacer otra cosas más que tener paciencia, si cedes ante la desesperación sales perdiendo. Tal es mi caso, me desespere y perdí el control de mi sosiego y por querer entrar en un espacio reducido entre un taxi y un jetta, sali con un rasgón en mi parte izquierda de mi carro.

Sé que es difícil, pero nunca pierdas la calma ante estos acontecimientos. Aguanta esos asquerosos olores del metro y esas prolongadas esperas, esas caras que muestran el sudor de un arduo día de trabajo para llevar el pan a casa.

No hay a quien irle, ni el transporte público ni el privado, los dos están de lo peor. En el carro no puedes hacer lo que tú quieras, debes de estar pendiente de cuando avanzar y por dónde meterte, pero llevas tu espacio y gozas de un aire limpio; en el metro y micro puedes hacer lo que 'quieras' pero existe poco espacio y el olor muchas veces es desagradable.

De todas formas, no podemos hacer nada más que aguantar o irnos de esta ciudad que nos atrapa. Ciudad que lo tiene todo pero que se cobra altas cuotas.

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